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Economía

La salida de Estados Unidos de la OMS altera la salud global

La formalización de la retirada de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud genera incertidumbre y desafíos significativos para la arquitectura sanitaria internacional.

Redacción Letra Impresa
Foto: forbes.com.mx

El gobierno de Estados Unidos oficializó su salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS) tras el anuncio realizado a inicios de 2025, marcando un cambio profundo en la cooperación sanitaria global. Esta decisión, que ha consolidado una nueva etapa en las relaciones internacionales, impacta directamente en el financiamiento y la coordinación de programas de salud pública a nivel mundial, dejando un vacío operativo que preocupa a diversas naciones y organismos multilaterales.

Desde México, la Secretaría de Salud mantiene una postura de vigilancia ante las repercusiones que esta ruptura pueda generar en los protocolos de respuesta ante emergencias sanitarias. Especialistas en salud pública advierten que la falta de participación activa de la principal potencia económica en la OMS debilita la capacidad de respuesta coordinada frente a futuras crisis, al reducirse los fondos disponibles y la colaboración científica técnica que históricamente se ha compartido a través de este canal.

El impacto de este retiro se extiende a la seguridad sanitaria regional, afectando la colaboración estrecha con instituciones mexicanas como el IMSS y el ISSSTE en temas de vigilancia epidemiológica. La interrupción del intercambio fluido de datos y tecnología médica podría complicar la implementación de estrategias conjuntas de prevención que hasta ahora se gestionaban bajo el marco normativo y científico de la OMS.

Para el resto del mundo, la ausencia de Estados Unidos plantea interrogantes sobre quién liderará la agenda de salud global y cómo se compensará el recorte en las aportaciones financieras al organismo internacional. Expertos señalan que este escenario obliga a los estados miembros, incluido México, a fortalecer sus alianzas regionales y a buscar mecanismos alternativos de cooperación internacional para asegurar la resiliencia de sus sistemas sanitarios frente a desafíos transnacionales.

A largo plazo, los efectos de esta salida podrían erosionar la eficacia de los programas de erradicación de enfermedades y la distribución equitativa de insumos médicos esenciales. Mientras el panorama sanitario internacional se reconfigura, los organismos internacionales enfrentan el reto de mantener la estabilidad operativa sin el respaldo político y financiero que durante décadas fue fundamental para el equilibrio de la salud pública mundial.

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